El nacimiento de un concepto como "escultura", tiene una preñez dolorosa, incierta, dubitativa, extraña, de miles de años. Una vez parido... esculpir es sencillo.
Para que un filósofo fuera verdadero, hacía falta creer en él. Más esto, lo hacía falso. En nuestros tiempos, no sólo hace falta creer en él, sino, además hace falta, que tú mismo te mientas. Mas esto, te hace idiota... ¿Qué queda? Unos cuantos preciosos libros de "poesía" que leer... pero ninguna verdad . Y esta magnífica certeza, queridos hermanos, es lo mejor de todo...
Se debe a que todo, absolutamente todo, es espontaneo. Las palabras, el color, la arcilla, el mármol, los sonidos, se configuran, según cierta configuración que adopta la fuerza fisiológica (que no es otra cosa que cierta forma de energía del cuerpo, en un instante en que sus funciones están en "fase") del organismo. Es decir, la imagen, la creación producida, es un reflejo transubstanciado del acto de existencia del organismo en un momento dado. Y es espontaneo por el mero hecho de que los estados del cuerpo, cualesquiera que sean, son espontáneos además. La "razón", no es otra cosa que parte misma de dicha transustanciación, y no alguna otra fuerza que genera creatividad en un sentido primario. O esto es muy viejo o es simplemente una locura. Lo más correcto es que debemos acostumbrarnos al hecho de la creación espontánea, sin tener que hacernos demasiadas preguntas sobre su naturaleza. Sino se nos pondrá feo, algo que tenía un rostro agradable...
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