Considerando que pudiésemos concebir al hombre primitivo (anterior a 150 o 200 mil años... Quizá aún más, pero no después), en su aspecto intelectual, con uno de nuestros infantes y bebes modernos. (Aquí no hay ánimo de ofender a nadie). Podríamos considerar además, que pudiésemos fijar de alguna manera dicho caracter en los niños, para que se mantuvieran algunos de sus rasgos hasta la adultez, consiguiendo una especie de hombre "primitivizado" (por decirlo de alguna manera). Creo que el rasgo más evidente de dicha fijación, sería la carencia de un estado consciente plenamente desarrollado. Como si esa "revolución copernicana" de la que habla Piaget, siguiese aún siendo una especie de utopía: Un individuo con ausencia de un despliegue psíquico hasta una complejidad secundaria. Un carácter por lo general reactivo, cercano a lo fisiológico simple. Alguien incapaz de establecer una relación de continuidad dentro de un concepto global, entre dos individuos separados por más de diez metros...
Esto que se ha dicho, que puede parecer una insolencia y una tosquedad de mi parte, es, cada día que pasa, una más clara y dramática conclusión de la realidad educativa de mi país.
martes 31 de enero de 2012
Leyendo a Piaget.
Grandes personajes del conocimiento sostienen algo así como que: "el mejor hombre o el hombre verdadero, es el que conserva de algún modo, la niñez en su espíritu". Cuántas veces , profundamente conmovido por tal aseveración, uno mismo la ha esgrimido, la ha parafraseado, e incluso desarrollado y extendido en alguna baga disertación. Lo cierto es que después de interesarme por Piaget, me resulta tan evidente el hecho de que no dejamos de ser niños nunca, desde un punto de vista cognitivo... Es por eso que, cuando creemos ascender a la cúspide del conocimiento, realmente descendemos al momento de nuestro conocimiento senso-motor... y nos volvemos unos idiotas...
martes 24 de mayo de 2011
Sobre "lo peruano"
Muy pocos nos atrevemos a decirnos a la cara lo que somos en realidad. Yo, a parte de la vergüenza, tengo una razón de peso "semántico" para no decirme lo que es un "peruano". ¡Somos inefables, maldita sea!
jueves 5 de mayo de 2011
Fragmento: "Sobre el Chira"
Bajaron por la cuesta arenosa, en fila, como si se tratara de una expedición de pigmeos gigantes en busca de elefantes. Elías iba en una canasta, a hombros de su padre y de cara al sol. La alegría del padre y sus tíos, era tan africana, tan de vientre suspenso y pecho hinchado, tan alimentada por un muy sutil, inflamante, pero continuo estado de transe y éxtasis, —muy bien completada por una fuerza criada en la intemperie, que soluciona todo mediante la resistencia—, que el que Elías pudiera morir de insolación, aunque fuera una posibilidad, la más probable de todas las posibles; a saber: caer rodando y terminar frito en la arena ardiente, una fractura en la cerviz debida a un brusco y titánico giro; ahogado por sus propios fluidos en un hervor repentino... Era algo prohibido por esa felicidad armoniosa. Se trataba de aquellos días tan magníficos, que todo el globo que contiene esas doce horas de luz, blindado por una dicha animal, se hace inmune a cualquier perturbación que un hecho no planificado y amenazante pudiera producir. De todos modos, Elías tampoco se inmutaba, ni siquiera cuando en algún giro repentino del trotar cuesta abajo de su desaforado padre, sus ojos quedaban dirigidos directamente al centro de esa luz enceguecedora. Después de varios tropezones, giros y nuevamente elevaciones; soles, nubes, celeste, blanco, alas; un negro rostro, dedos pequeños entre más nubes y celeste; a la vez que con destellos e iridiscencias fugaces; sintió un sube y baja más estable justo en el instante que infinidad de cuerpos delgados, puntosos, y apelmazados, agitados con levedades redundantes, por quien sabe qué cosa invisible que hacía que se agitasen entre los rayos luminosos como pequeñas criaturas de una fantasía inconcebible. Lo que quiere decir, en este caso, de una fantasía que aún era imposible concebir, pues era la fantasía de un pequeño de apenas días de nacido. Pero el cabezoncito este tuvo la capacidad, en esos momentos, de introducir cierto espíritu activo dentro de dichas imágenes persistentes, con lo que conseguiría para sí, y en su intimidad desnuda, su primer amor.
Avanzaron por entre los algarrobos con sus cosas en las manos colgando de bolsas, mochilas o de los dedos. Dando largos pasos con una precisión de mula educada, pasaron delante de unos muchachos que estaban cazando palomas y chilalos, con unas ondas que con una destreza sorprendente, las enlazaban a sus dedos que hacían las veces de arco: “¡Mira, huevón!, ahí ta; detrasito del nido dechoquecos. ¡Despacito!, ¡despaciiito! ¡Ta bien pechugona, chasumáquina! ¡Pera, pera!, que le voy a dar en toda la maceta”… Llevaban como un añadido corporal, unas amarillas y moteadas algarrobas metidas en la boca, que de cuando en cuando masticaban para ir diluyendo con recatada fruición la pulpa dulce-amarga, que luego chupaban con un ruido aéreo. Los muchachos, después de unos hondazos infructuosos, miraron a los invasores, como si de la silvestre corte de un breve dios de los bosques se tratara. Quisieron unirse a la expedición, atraídos por la desconcertante alegría; pero un silbido filoso y penetrante como un fantasma agudo —que incluso, un Elías que iba suspendido en tintineos de luz, apartó la vista para encontrar la rara criatura que lo emitía—, los condujo por unos matorrales cargados de polvo, cerca de una acequia, donde entre risas y malas palabras se perdieron.
Continuaron por el sendero hasta que justo antes de la rivera lodosa y averdolagada, una cabaña fresca y húmeda dejaba ver entre un humo plomizo-azulino que revolvía los colores del ambiente en una sola estampa irreal, a un hombre descalzo con unos pies cuyas uñas parecían piedras incaicas, y cuyos ojos, no ocultaban una cortina blanca donde se remontaba hacia una sumisión canina evidente, unas lágrimas meándricas que se acumulaban como el ámbar resinoso que salía de los algarrobos, en la parte baja de sus globos hundidos. Salía a recibirlos con los ademanes propios de un sirviente incomprendido que callará para siempre, en tanto sus dos manos arenosas y pétreas, presurosamente, y con cierta torpeza, cogían unos cuantos cocos para ofrecerlos.
Detrás de las cabañas, el río formaba un meandro verde oscuro, limitado por montones de chacras: cebolleras, plataneras, arroceras; de culantro y de zanahoria; frejoleras, de maíz y choclo; de yuca y papas; por un lado marigol y por otro frejol chileno, junto a recuadros de espárragos y sandías; después, “huevo de león” y verdolaga, que servía para incrementar la leche de las chanchas y las vacas; camote, tomate y zapote; sobre ellos esparcidos de lado a lado, junto con las balanceantes palmeras atestadas de cocos: platanos, pajaro bobo, algarrobos raleados, mangos ciruelos, faiques y limoneros; mameyeros y huabos. En pájaros: soñas, chirocas, negros, chilalos, pecherojos, loros más choquecos y torcuazas, tortolas y huerequeques…
Unas sutiles turbulencias desunían, juntaban, amasaban y volvían a desamasar, las imbatibles alfombras de jacinto de agua que se negaban a ser reducidas. De cuando en cuando, una iguana caía en sus aguas; de cuando en cuando, unas algarrobas. Seguía serpenteante hacia el Oeste: Marcavelica, Tangarará: (La primera ciudad fundada por los españoles, Francisco Pizarro y CIA., en Sudamérica, como San Miguel; con su obelisco y la primera iglesia donde el padre Valverde ofició la primera de interminables misas en esta parte del continente, allá por el inefable año de 1532)... Seguía serpenteando por Mallares, Jíbito, Sojo y su casona, La Huaca, Amotape, El Arenal, Tamarindo, Vichallal… pueblos y caseríos más, que a modo de cuentas se apretaban unas a otras de un lado y del otro del rio paternal; hasta que al fin desembocaba en el Pacífico por la bocana de Vichallal, eructando unos incipientes manglares, que se harían una enormidad asombrosa, hacia el norte en el golfo de Guayaquil. Hacia el noreste, remontando: distritos de Salitral y de Lancones: Somate bajo, Venados; hasta llegar a la represa de Poechos.
La felicidad del padre de Elías, no podía ser mayor, aunque se tratara de esa comunión a distancia de los habitantes del Chira cuyo código subyacente en el medio aéreo es la identidad con el rio: las misma sensaciones aquí y en todo punto del caudal; también Tranquilino, que era como se llamaba el cordial y servicial anfitrión, había puesto a punto la barbacoa; además de tener unas cuantas caballas salpresas remojándose en el río para ser directamente trituradas y metidas en limón, cebollas y ají, y que luego mantendrían entretenida a la familia como a una montonera de hienas descamisadas, tan salvajes y tan magníficas por ello mismo, delante de una fuente de ceviche tratada con el más mínimo respeto por una pequeña horda de vivaces y rumiantes tragadores consumados. Quizá, si hubiéramos estado ahí, y con el mínimo conocimiento de la humanidad, nos hubiera asaltado el sentimiento de la visión de un evento adivinado, entre muchas desazones, en unos huesos fosilizados y casi mudos, y nos hubiéramos acercado sin ser sentidos, como unas almas gaseosas y reverberantes a rebuscar en los bolsillos del padre de Elías, daríamos, segurísimo, con al inesperada y bella situación que vendría a completar la alegoría en una más que realidad paralela, con un hacha de mano del Achalense, brillante y hermosa, de un pedernal prieto y maravilloso.
Esta imagen tribal de esta familia: El compartir la comida como una manada, quizá sea la cultura más persistente de una tribalidad antiquísima que se nos ofrece en los pueblos más atrasados. Los reclamos por el trozo ganado por otro, el escarbar las ridiculeces más elementales para reír cacareando en conjunto disonante y enmarañado, alimentando entre ellos una alegría fisiológica hasta lo portentoso, con unas risas que aún no han aprendido a ocultar la entera dentadura, ni la comida que en ella, ríe alborotada también; los empujones al borde de la mesa y los tirones para atrás de alguno de ellos por otro, para ocupar el puesto.
Quién sabe si esto ha de perderse algún día, imagino que sí; como es tan cierta nuestra propia extinción. Pero mientras duremos, no dejaremos de conmovernos por nuestro querido primitivismo. El revisar de cuando en cuando, nuestra inocente y “distante” animalidad, es una actividad de las mas deliciosas de cualquier día: Pensando en que somos unos serenos pescadores sentados en nuestro muelle al fin del mundo, que hemos aprendido el bello arte de desmerecernos hacia atrás, para contemplarnos como especímenes raros, aún metidos en nuestros testículos para siempre.
“Este es mi segundo hijo, Elías”. Elías fue sacado de la canasta, de una forma tan poco deseada por él, que sus ojos arrancados de todo control muscular, dieron una vuelta entera en su cabeza, y millones de sensaciones, traídas desde un confín hasta otro, en un pequeño instante de traslación gravitatoria y descomunal, se agolparon poderosamente en su respiración, todavía fetal, al punto de que un ahogo fulminante no pudo tener más escapatoria que un llanto desgarrado. “Está bien vivito”, dijo Tranquilino al ver llorar de ese modo a la criatura. “¡Por su puesto que estoy vivo, pedazo de animal! Desde luego que estoy vivo, y aun más vivo que tú, anciano. Soy muy pequeño, todavía estoy contenido en el éter; aún no me deformo como ustedes, pero estoy vivo”. Si hubiera hablado, quizá esto hubiera dicho. Pero se limitó a llorar hasta que una voz lo tranquilizó.
El río Chira, con toda su barahúnda de turbidez, hedores y leyendas de cocodrilos monstruosos, viajaba a través de la voz e su madre, como el medio vibrante que se excitara por sus emisiones ondeantes. Decía, para un serenado y agudo Elías, ciertas cosas enrarecidas: rumores con un tenor a fuego y profusas formas aglutinantes, y algún que otro destello claramente definido, pero que él, como no podía ser de otra forma, ya entendía; la parte que verdaderamente se entiende, es decir, aquello que ya no se dice con palabras. De mayor se preguntaría del porqué de este raro fenómeno, y descubriría según él, y siempre según él, sin necesidad e leer el Tracatatus logico philosoficus, y el siguiente, como conocimiento previo al peor amargo en la boca que uno se pueda imaginar, que lo que realmente significa algo en las palabras es su sonido: La tonalidad, el color, la duración, la variación, la inflexión, la extensión… “Los sonidos de las palabras tienen el mismo efecto maravilloso e infalible que la sal en las glándulas de Lorenzini de los tiburones”...
Calmado ya en brazos de su padre, pero a causa de la voz serpenteante de su madre, Movió un instante los ojos como por la natural idiotez de un recién nacido, es decir, sin sentido alguno aparente. Aunque después él mismo diría que “¿cómo no puede tener sentido aquello que es causado por algo? El sinsentido es simplemente la inutilidad del intelecto humano”. Los movió, pues, ya sin ninguna idiotez idiotizada por idiotas de por medio, como si fueran dos gigantescas cubas fondeadas por el rumor volátil de las palabras mamíferas de su progenitora y el río quedó contenido para siempre en su alma. O quizá en una simple impresión de su psicología orgánica y primitiva sobre la cual su ser levantaría la casa. Tal vez el río y todo su conjunto fauno-botánico y terroso, sorprendió a este cuerpo menudo y de uñas casi imperceptibles, en el preciso instante en que el alma es forjada por completo mediante los efectos fluidos de su propia constitución, nacida en su oído interno. O tal vez, se trataba de una demostración física, pero más luminosa y noble, aunque no por esto menos aciaga, de las latencias internas de su padre, transmitidas a la siguiente generación como un inóculo mutante. Primero las copas lejanas de los algarrobos, luego la alfombra parlante de los jacintos, seguido del bamboleo de las palmeras junto con el naranja intenso de los marigoles; también el canto de las zoñas, los negros y los chilalos, votantes sobre el brillo de las aguas revueltas, quedaron contenidos en ese fenómeno de asimilación substancial; hasta que el fango arenoso y putrefacto de todas esas honduras, unido a las piedras reverdecidas por las bacterias cianofíceas y las ramas desgastadas por la fuerza hídrica, compusieron de un solo golpe, el interior siempre fluyente del pequeño.
En el hogar y la felicidad tribal de ese día, nadie advirtió, nadie intuyó, ni aun durante el momento en que la cerveza mostraba sus efectos más perniciosos en la últimas horas de sol, cuando unos cuantos energúmenos sobre la orilla lodosa del Chira, bailaban, gritaban, lloraban y se daban de trompadas por “quítame esta paja”; ni cuando Elías fue rescatado de una muerte segura, por un Tranquilino que alcanzó a ver la canasta camino de la corriente a través de un fango aguado y mucoso, que poco a poco y sin miramiento alguno iba arrastrandola con cierto sonido burbujeante, hacia la lengua salivosa del río. Ni cuando el hombre gritó: “¡El churre, el churre!” en tanto abriéndose de piernas, cayendo de narices, y arrastrándose en el fango, consiguió coger la canasta, que unos ojos inyectados y movedizos ya habían dejado de ver hacía rato, a lo que habían respondido simplemente: “¡Chucha su mare!... Ponlo encima de la mesa”. Ni siquiera cuando algunas de sus tías, agitadas y eufóricas por el baile y el trance etílico, se acercaron a ver si en la canasta "el pedacito de gente ese" seguía dormido, se pudo barruntar, que treinta años después, Elías, convertido en un rico y tormentoso muchacho, en los tiempos precedentes al nacimiento del niño escarlata, moriría terriblemente asesinado en un cuartucho de uno de los caseríos del Sechura...
![]() |
| Río Chira. Muy cerca de la casa donde me crié. |
martes 26 de abril de 2011
Paradoja lógica
"¿Y de qué otro modo puedo yo hacer algo importante para mis semejantes, sino es siendo completamente distinto?".- QUINO.
martes 8 de marzo de 2011
La vida en "cuántica"
...De modo que, si paulatinamente vamos perdiendo toda concreción, toda certeza y posibilidad de verificación, en conceptos tan fundamentales como el de adaptación, y todo llegara a resumirse en puro azar, meras, simples, y a la vez maravillosas coincidencias; ¿cuál sería la mejor manera de explicar una coincidencia tan lograda como la de una semilla de mangle (propágulo) y su entorno? Podríamos decir: "la planta sabe perfectamente qué hacer dentro de ese entorno para sobrevivir"... De momento, no creo que exista alguien capaz de negar científicamente esta posibilidad... De modo que es probable. Ahora, si la cosa es intentar explicarlo por el mero azar, hay que admitir en primer lugar, que los organismos vivos, no necesariamente están donde deberían estar, simplemente son una especie de bolsas de posibilidades infinitas, en donde la rotación inimaginable de dichas posibilidades, de momento, sólo de momento, permanece en un estado estacionario en el que su forma actual se complementa, en cierta medida crítica, con su entorno. Dicha rotación desde luego, contempla la extinción y dominio fluctuante de especies a lo largo del tiempo. Así, la vida, como otros aspectos de la realidad física, quedaría contenida, en el cada vez más acuciante, enorme y desconcertante mundo de lo no causal...
viernes 4 de marzo de 2011
El prejuicio ajeno, como forma de felicidad.
Hablando de prejuicios sobre los latinoamericanos. El que más me sorprendió, es aquel en el que se pensaba que en mi país no había divisiones políticas del territorio. A veces llegan a tal punto, que te produce risa: Pensar que en mi caso, leer a Shakespeare, es un sinsentido; o que una sencilla ecuación matemática, es un geroglífico para mí (Pero antes del trabajo de Jean-François Champollion!). Realmente no ha sido un bombardeo esto, tampoco es que estas cosas sean muy significativas. Pero lo que me he dado cuenta es que, por lo general, igual que ocurre en nuestros países, la gente a la que le pasa esto, me recuerda mucho a nuestras viejas abuelas ya caducas y un poquito mal de la cabeza, que pensaban que los murciélagos eran ratones a los que les salían alas, o que para crecer deberías poner tus pies sobre UREA. A veces, me he sentido indignado, no lo niego: como aquel día en que me dijeron que mi hijo sería marginado por la forma de su nariz... Pero la evidencia de una debilidad mental suficiente, como para tener este tipo de asunciones, tan persistentes a pesar de los tiempos que corren, siempre me produce esa rara sensación propia de la aristocracia barroca: una mezcla de risa-burla-lástima-compasión-perplejidad-curiosidad y petulancia. No es que yo me considere aristócrata, simplemente describo al deliciosa sensación que ello me produce.
martes 22 de febrero de 2011
Cosas de Padres.
Al final, he hecho con El Mundo, lo mismo que con mis hijos: No conocerle, quizá aceptarle, acostumbrarme a él, y quererle una infinidad... Palabras de un "genio del corazón".
lunes 24 de enero de 2011
Atavismo invencible.
Palabras del novel de Física, Murray-Gellman: "Hay una diferencia mayor entre un hombre que sabe Mecánica Cuántica y otro que no, que entre un ser humano que no sabe Mecánica Cuántica y los otros grandes simios".
Paradójicamente, después de ilustrarme en Mecánica Cuántica, he comenzado a sentirme como un "mono".
Paradójicamente, después de ilustrarme en Mecánica Cuántica, he comenzado a sentirme como un "mono".
sábado 22 de enero de 2011
Reconocimiento
Cuando pasa el tiempo, (no mucho, la verdad, pero el suficiente como para que aquellas últimas cosas que hemos hecho, se cubran del vapor de la nostalgia) y se vuelve la mirada atrás, para hacer un recorrido de todas aquellos objetos del espíritu, de la cultura y del saber, que hemos ido acumulando mediante lecturas, visitas, casualidades y demás. Muy en contra de mi orgullo, no puedo evitar tener como una de las que más afortunado me hacen sentir, a Shakespeare... Esto ha sido en mí, como un decantamiento lento y prolongado, después de leer y releer algunas de sus obras fundamentales y de dejar que ellas encuentren su lugar en mi mundo. Todo ese detritus sanguinoso de las últimas profundidades del alma humana, se ha ido asentando en el fondo de mi corazón hasta reposar dulcemente, en una cueva, y convertirse en una especie de pintura rupestre; como un atavismo hominoideo convertido en una anémona subterranea, que me dice y me habla cosas horrendas, de la manera más amorosa...
miércoles 17 de noviembre de 2010
"Principio de incertidumbre" o la dicha del perro.
Respecto a lo incierto, nos encontramos en la misma condición, que aquella en la que se encuentra un perro, respecto a nosotros. Pero, al menos el perro, es incapaz de decir, cuanto acabo de decir.
viernes 22 de octubre de 2010
En pro de la igualdad de las lenguas (2ª cita).
De repente, me ha venido a la mente el siguiente análisis: Imaginemos un loco que se cree un perro. Ciertamente, en los momentos en que este pobre hombre actúa como un perro, su conciencia está muy lejos de reconocerse como un individuo humano. Sin embargo, digamos que ladra. Para ello, evidentemente, deberá ejecutar una y otra vez la onomatopeya del perro: "¡guau, guau!". Por rematadamente loco que esté, dicha acción jamás podrá ser realizada de modo espontaneo, sin que haya de por medio un conocimiento previo y una afirmación, aunque sean infinitamente pequeños, de cómo es que un perro ladra, con lo cual, obtenemos por contradicción un ínfimo estado consciente... Con esto podemos sacar, una tras otra, conclusiones cada una más extraña que la anterior. Yo me he quedado con estas dos, conforme a mi interés en igualar las lenguas: "Hasta el más loco, se hace el loco" y "El lenguaje es una estructura primigenia en todo ser".
Cita previa a una igualdad de todas las lenguas.
Felizmente, es completamente imposible, hacer otra cosa con el lenguaje, que no sea hablar.
martes 12 de octubre de 2010
A contracorriente
A veces me asalta la idea de que no hago bien al no temer ser plagiado. Debería cuidarme las espaldas, tomar precauciones, encriptar cada palabra escrita que corre la suerte de ser vista por otros ojos. ¡Maldita sea! si fuera capaz yo, de recordar todas y cada una de mis frases, de rescatarlas de los miles de papeluchos que dejé por ahí tirados. ¡Por ventura del firmamento! Cuántas ideas fabulosas quedaron en riesgo de serme robadas, cuántos postulados garabateados en cientos de hojas estarán ya dando fama a otro astuto. Sí, debería ser cuidadoso, debería ser un avaro de mis conceptos y pensamientos, por minúsculos que sean. Debería custodiar cada sensación que se produzca en el nexo de una a otra palabra dicha por mí. Sí, ¡lo prometo!, intentaré ir en contra al fin, de un principio motriz de mi personalidad: "Siendo mezquino, ¿cómo puedo ser abundante?"
domingo 10 de octubre de 2010
¿Para qué, "para sí"?
![]() |
| Ahura Mazda |
En el Zoroastrismo persa (¿S. VIII a.c.?), Ahura Mazda era considerado el creador del Universo, incluso de sí mismo. Pues, tanto hace muy poco como en aquellos lejanos tiempos, los "para sí", "en sí" y "por sí", han sido manifestaciones de un frenesí emotivo, causado por un excesivo deseo de que al menos algo, fuera superior.
sábado 9 de octubre de 2010
Cedo la palabra a Luis, para que hable de Mario.
Yo soy de Piura, nací en Lima, pero esto es más bien una cuestión anecdótica. Hace un "par de días" otorgaron el Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa, escritor peruano, a quien, debo confesar, conozco muy mínimamente; ya una vez he dicho por aquí, que no me encuentro capacitado para a lectura constante de novelas, cosa extraña en un hombre que ha decidido escribir novelas. En fin, esto no viene a cuento. No tengo, por ser un tanto irónico, muchos amigos, pero con permiso de uno de ellos, Luis Vásquez Coronel, me permito publicar una entrevista que se le hace en Piura, sobre el flamante Nobel, ya que yo no tendría autoridad alguna para decir algo al respecto, por estar tan alejado, tanto de la obra de Mario, como de mi soleada Piura. Luis es uno, de los casi ninguno, que ha valorado mi obra, quizá, acercándose al verdadero sentido de la misma. Tuvo la experiencia de ayudarme en la revisión de uno e mis trabajos más queridos: "Dafne".
Aquí está la entrevista:
ENTREVISTA AL ESCRITOR LUIS VÁSQUEZ CORONEL SOBRE EL PREMIO NOBEL DE VARGAS LLOSA, CONCEDIDA AL PERIODISTA RICHARD CHÁVEZ.
R.Ch: ¿Por que crees que Piura debe agradecer u homenajear a MVLL?
L.V: Porque Mario Vargas Llosa universalizó a los piuranos en muchas de sus obras. De tal manera que yo conocí Piura , primero, por sus libros. Y cuando viajé a Tumbes, ansiaba, por ejemplo, desde la ventana del ómnibus reconocer los paisajes de Piura y los personajes que yo ya llevaba en la imaginación. Esto se corrobora más aún, cuando por ejemplo uno revisa " La Casa Verde" en inglés y encuentra la palabra "churre" tal cual, sin traducción. Con la revalorización de su obra, que de todas maneras vendrá por el otorgamiento de este premio, Piura, los piuranos, estarán otra vez más en los ojos del mundo.Te puedo decir que a Piura se le conoce en el mundo a través de él, ni siquiera por Miguel Grau, o por el pintor Ignacio Merino.Los piuranos deben enterarse de esto, si alguna vez van por el mundo y quieren ser reconocidos de seguro les irá bien si quien quiere reconocerlos los ubica por las obras de Vargas Llosa, de eso no hay duda.
R.Ch: A través de tus lecturas, donde se menciona a Piura, ¿Cuál crees tú que es lo que siempre le llamó la atencion de nuestra ciudad? ¿Se puede incluir nuestra forma de hablar, jergas, etc?
L.V: Bueno, como sabrás Piura aparece en " La Casa Verde", en " La Chunga" y en ¿ Quién mató a Palomino Molero? Vargas Llosa fabuló, recreó a Piura totalmente, como se entiende esto último en sus teorías sobre la novela, es decir que el escritor es como un Dios que engulle todo, no deja nada afuera, globaliza su mundo de ficción. Entenderás que con la maestría que él tiene, los piuranos fueron recreados no sólo en su habla, sino en su personalidad y hasta en su lucha determinada, muchas veces, por el paisaje; pero del que logran rebelarse e imponerse. Los inconquistables, para mí que no soy piurano, puedo asegurarte que son personajes actuales. Basta salir un fin de semana, y de hecho que encontrarás prototipos en las chicherías o en los bares. Es decir su recreación de Piura es y sigue siendo efectiva.
R.Ch: ¿Qué tanto puede afectar una ciudad a un escritor para que la ficcione en toda su obra?
L.V: Vargas Llosa siempre lo ha mencionado al referirse a Piura, él fue marcado sentimentalmente y para siempre, a pesar del poco tiempo que vivió acá. Yo, que no soy de Piura, podría decirte que lo marcó el paisaje que es exhuberante, indomable, y sobretodo los piuranos que se sobreponen a éste y demuestran una actitud cálida y bien intencionada, por ejemplo a quienes no somos de acá. Vargas Llosa fue, como muchos de nosotros, hechizado por Piura.
R.Ch: ¿Cuál de sus obras valoras mas y por qué?
L.V: Tres son mis preferidas, " La Guerra del fin del Mundo", " Conversación en la catedral" y desde luego " La Casa Verde", sabes que es difícil elegir una que sea la preferida, porque por ejemplo de estas tres que te menciono tienen un valor único cada cual. En la GFM, la inventiva artística de V.LL alcanza una excelencia comparable a los grandes cuadros de Da Vinci, precisión y arrobamiento.
Conversación en la catedral entraría en lo que se ha llamado la " novela del dictador latinoamericano", y aquí V. LL recrea los engranajes del poder totalitario y el inconformismo de la gente que se subleva y le contrapone una lucha sin cuartel, a favor de la libertad que no otorga concesiones cuando se le limita, podríamos decir que es un resumen de su posición política.
En la Casa Verde mata al padre, según la teoría poética de Harold Bloom, va mucho más allá de Faulkner en lo relacionado a la técnica literaria. Yo recuerdo haber escuchado a un escritor peruano reconocido decir que V.LL escribió la CV de forma lineal en relación al tiempo y al espacio y que luego la desordenó para publicarla, pretendiendo darle una explicación a que la excelencia de la técnica, técnica caótica, al final guardaba un orden con la totalidad del Universo creado. Es decir con la CV, V.LL lanza al fuego la tradición novelística y atrapa el caos, lo domina y nos recrea a nosotros, como ciudadanos de la realidad inacabada y nos da la característica de inconformistas. Nos redime en una ficción que nos obliga a recrearlo todo, tal cual como en la vida misma.
Es por eso que este premio es muy merecido, cada obra de él es un logro nuevo para la literatura, para nuestro idioma.
R.Ch: ¿Cómo crees tú que Piura debe agradecerle porque se le haya universalizado?
L.V: Piura debe organizar un evento en el que se le celebre por haber hecho que los piuranos se inmortalicen en el mundo. Debe ser un evento en el que toda la población participe, una gran fiesta. Es así como V.LL retrató a los piuranos, gente alegre, luchadora, libre. Debe declararse feriado un día entero y hacer una gran fiesta, con él presente. Es una deuda pendiente. Piura para V.LL es como el Macondo de Gabriel García Marquez o el Yoknapatawpha de Faulkner, pero en este caso tiene el mérito que es Piura, tal cual, es decir no hubo un cambio en el nombre.
Como para que digan que no somos iguales.
Es sorprendente darse cuenta de que las más sublimes aspiraciones de un filósofo, y últimamente, de los más conspicuos científicos, se parezcan tanto al duermevela de cualquier ventrudo borracho en una banca.
Algo sobre Hegel... y otros, parecidos.
De Hegel en "Fenomenología del Espíritu":
"Siendo así que, en general, como hemos dicho más arriba, la sustancia es en ella misma sujeto, todo contenido es su propia reflexión en sí. La persistencia o la sustancia de su ser allí es la igualdad consigo mismo, pues su desigualdad consigo mismo sería su disolución. Pero la igualdad consigo mismo es la abstracción pura, y ésta es el pensamiento. Cuando digo cualidad, digo la determinabilidad simple; mediante la cualidad se distingue un ser allí de otro o es un ser allí; este ser allí es para sí mismo o subsiste por esta simplicidad consigo mismo. Pero es por ello por lo que es esencialmente el pensamiento. Es aquí donde se concibe que el ser es pensamiento; aquí es donde encaja el modo de ver que trata de rehuir la manera corriente y aconceptual de expresarse acerca de la identidad del pensamiento y el ser. Al ser la subsistencia del ser allí la igualdad consigo mismo o la abstracción pura, es la abstracción de sí de sí mismo o es ella misma su desigualdad consigo y su disolución, su propia interioridad y su repliegue sobre sí mismo, su devenir..."
Bla, bla, bla... Quizá realmente dijo algo importante como que "el ser es pensamiento" me quedo con sólo esto... Lo que no soporto es el abuso en cuanto a palabras, en cuanto a la condición constante de un saboreo exagerado del multisentido de los términos, perdurable en todo el texto y a través de casi todo el libro. He aquí una aberrante muestra del sentido primero y último del lenguaje: "música para mis oídos". Una inducción constante a la sensualidad que produce la lectura. Para mí, es demasiado, no lo soporto. Algo parecido me pasó el otro día cuando me atreví a a hojear a Heidegger. No hay línea de idea recta, y todo está transtornado por un miserable bombardeo de redundancias metafísicas, matizadas una y mil veces, hasta convertirlo en una nada amarga en la lengua de uno. Un millón de veces prefiero leer al sencillo, culto y bondadoso Jay Gould. Si bien algunas veces fuera de lugar, con una especie de erudición afectada, no deja de ser abundante y rico, además de agudo, sensible, alegre y variado, con ideas amplias y estructuradas, no una cosa tan árida y miserable carente de forma alguna.
![]() |
| Foto del noble y limpio Jay Gould. |
Problemas de un escritor tramposo
Pensando en que tomaría mucho tiempo llevar a cabo un proyecto de novela un tanto universal, una especie de compendio histórico algo monstruoso y soberbio, en el que, evidentemente, busco usar mi arma principal contra todo canon para destruirlo en la medida de lo posible: "Las palabras son aire, de ahí que pueden ser cualquier cosa", decidí probar suerte con una pequeña novela de no más, según van las cosas, de 250 páginas.
Soy un total desconocido, llevo ya bastante tiempo sometido a mi propio "pensamiento dominante", por el mero hecho de ser yo una especie de existencia que cuenta con su propio artilugio hacia un fin. Esto supone llevar una vida algo amarga, pues mi artilugio volitivo y muchas veces involuntario, me conduce por cualquier vía, hacia una especie de rincón cognitivo, donde las ideas se convierten en música. Como resultado de las aspiraciones y asperezas de este demon adorado y muchas veces objeto de alguna forma de extirpación fallida, esta breve obra de no más de 250 páginas está adoptando la forma de un desvarío. Creo que sólo el noble y desinteresado esfuerzo de algunos por entenderme, me salvará de una inexistencia efectiva en este mundo. Por lo demás, soy lo suficientemente inteligente como para aceptar una vida y un posible destino de estas características, sin sentir deseo de renunciar a todo y dormirme hasta morir. Por fortuna, fui mucho tiempo atrás, un mamarracho ignorante, bebedor y vulgar, lo suficientemente feliz, como para entender que también la vida es el instante.
jueves 7 de octubre de 2010
Criterio para mantenerse saludable.
Al contrario de lo que me pasa con Nietzsche, cuya lectura, aparte de emocionarme, me sienta bien a la digestión y muchos otros asuntos importantes de mi fisiología, Hegel me enferma.
(Admito que parte de esta sabiduría sobre lo fisiológico, fue en gran medida aprendida desde Nietzsche mismo).
(Admito que parte de esta sabiduría sobre lo fisiológico, fue en gran medida aprendida desde Nietzsche mismo).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






